28 de Febrero de 2010
Kaká: un partido para la esperanza
El Heliodoro Rodríguez López ensució esa historia que pretendemos pulquérrima. De esa maravillosa tierra que es Tenerife La Quinta del Buitre volvió noqueada, cebada de penumbra, con voz queda, para ser reo de una empalizada absolutamente decadente; para convivir con la erosión. Mucho se ha dicho y escrito sobre un dolor que aún se mantiene vivo y pujante. Pero si alguien hiciera un relato en el que dijese que perdimos aquellas Ligas porque nos sabíamos inferiores al Dream Team de Cruyff, haría una descripción vívida de lo que allí aconteció.
El Tenerife de nuestros días en nada se parece al que nos privara de ganar dos Campeonatos de la regularidad con su sosiego que en aquellas circunstancias resultaba incluso pasmoso. Un 1-5 es algo más que un paradigma. Pero quien esto escribe, siendo riguroso, puede afirmar que los de Oltra pusieron en dificultades a la sólida defensa de Pellegrini; bien es cierto que el gol de Ayoze no debió subir al marcador, pero también lo es que se concedieron más ocasiones de gol de las que serían deseables. Casillas y Albiol fueron claves y evitaron males mayores.
La valentía local propició un partido de ida y vuelta con un huracán en los pies de cada atacante madridista; Cristiano Ronaldo no supo encauzar el suyo y eligió casi siempre la peor opción. Higuaín en cambio dio una exhibición: marcó dos goles, el primero gracias a una gran jugada individual de Marcelo, y asistió a Kaká en el 1-3. Al malogrado Rafael Alberti le gustaba adjetivar con sustantivos a los buenos poetas: “Es un poeta poeta”… En el Heliodoro se vio por primera vez al Kaká más futbolista: asociativo, goleador, risueño y con unos movimientos sin balón muy productivos, el brasileño jugó un partido para la esperanza. La esperanza de que será importante.
Artículo original: La Quinta del Buitre










